Estaba Cai recibiendo los mimos (no exagero, masajes y manicura) de las niñas y hemos recibido la visita de una vecina de planta de esas que le gusta saber vida, obra y milagros de todo el personal. A mis espaldas y sin un buenas tardes se ha dirigido al enfermo y ha preguntado: - ¿también le han cambiado la mistral? Yo he mirado a la interfecta, me he acordado de la cantante y muy bajito muy bajito, para no molestar, he contestado: -La mistral y la montiel, señora.
Os podéis imaginar las risas contenidas de todas y la cara de circunstancia de Cai que la tenía de frente. La señora, que se opera mañana, tiene mucho miedo y por respeto nos hemos moderado. Al final, la hemos convencido de que es coser y cantar. Lo primero, los cirujanos, lo otro... la mistral.