Ya estamos en casa. Todo ha ido más deprisa de lo que esperábamos. El viernes se me ocurrió decirle a Paula que sacara ropa de su padre. Ropa que no se podía poner hace tres meses. para que se fuera probando. Hoy, con esa ropa todavía en Mérida, sabíamos que nos podíamos ir. Los pantalones pequeños, han necesitado una venda a modo de cinturón (luego ha habido cinturón prestado). Al final, nos hemos despedido de las personas que le han cuidado con la promesa de que el día de la revisión subiremos a verlas. Ahora, a terminar de curarse en casita, en La Isla, en valcorchero y en tantos y tantos sitios preciosos que tenemos a tiro de piedra. Uffff, ¡Qué agustito!
Bueno, nos vamos a la cama. A nuestra cama.
Bueno, nos vamos a la cama. A nuestra cama.

























